Un conocido me comentó que su hijo, de 4 años, está haciendo sambo. Yo mismo practico sambo desde hace muchos años y tenía curiosidad por saber qué había aprendido el niño. Le hice una pregunta: ¿qué técnicas sabe hacer? La respuesta del niño me sorprendió: no sabe nada.
Le pregunté al padre: ¿está presente en los entrenamientos? El padre respondió: el entrenamiento se realiza a puerta cerrada, los padres no tienen la oportunidad de observar el entrenamiento. Para mí, la situación estaba clara.
Soy maestro y mis sesiones de entrenamiento son abiertas y están a disposición de los padres. Siempre pido a los padres que estén presentes en las sesiones de entrenamiento para que puedan ver los progresos de sus hijos y ser testigos de sus avances. Esto crea un ambiente de confianza y motivación tanto para los niños como para los padres.
Al mismo tiempo, en algunos clubes existe la práctica de cerrar el gimnasio a los padres. Es un intento de ocultar la mala calidad de la enseñanza. Nunca enviaría a mi hijo a un club deportivo donde los padres no pueden ver el entrenamiento, controlar la seguridad y seguir los progresos de su hijo.
La apertura de la formación no es sólo una cuestión de transparencia del proceso. Es una forma de generar confianza entre el entrenador, el niño y los padres. Los padres no sólo ven los logros, sino también el propio proceso de entrenamiento, lo que motiva a los niños a esforzarse por obtener mejores resultados. Además, la presencia de los padres en las sesiones de entrenamiento une a la familia en una causa común y crea un ambiente de apoyo y participación.